Según la leyenda...

17 julio 2010


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Esta leyenda relata que una joven que trabajaba como aguadora en una casa en lo alto de la ciudad, harta de arrastrar el cántaro por las empinadas calles, aceptó un trato con el diablo: éste dispondría del alma de la muchacha si, antes de que cantara el gallo, el agua llegaba hasta la puerta de la casa.

Consciente después de su culpa, la joven rezó toda la noche para evitar el presagio. Mientras, una tormenta se había desatado y el demonio trabajaba a destajo. De pronto, el gallo cantó y el demonio lanzó un alarido espeluznante: por una sola piedra sin colocar había perdido el alma de la joven. La muchacha confesó su culpa ante los segovianos que, tras rociar con agua bendita los arcos para eliminar el rastro de azufre, aceptaron felices el nuevo perfil de la ciudad.

El recuerdo de aquello se quedó para siempre en el monumento. Todavía hoy se pueden ver las marcas de las uñas del diablo en las piedras del Acueducto...

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